lunes, 20 de abril de 2009

Querer mantener la mente desconectada del mundo, del cuerpo, de la gente que te rodea, y la que ya no lo hace. Mantener los ojos sombríos, fríos, ausentes, distantes, inexpresivos. Las manos en los bolsillos, los labios crispados, la cuerdas vocales anudadas entre si, los hombros elevados, el paso firme, una capucha, una bufanda y los auriculares puesto. Cuanto más ausente de la realidad mejor.
Respuestas monosilabicas, cada tanto una risita (falsa, pero no para los ojos y oídos ajenos), asentir cada un punto o una coma. Escuchar su nombre, y desviar la mirada, relajar los gestos y ser lo menos expresiva posible y cada tanto soltar la palabra "odio".
El corazón atado, las lagrimas contenidas, un grito ahogado jugando a bailar en tu garganta, al punto de estallar, corriendo en relevé por tu lengua, rozando los dientes, golpeando los labios, resbalando con la saliva y cayendo como una bomba (finalmente) en los oídos de esa única persona que te entiende. Ese es el momento en que llenás tus pulmones de humo, intentando vagamente llenarte con un pedacito de su ser, saboreás el gusto que tiene, lo imaginás, lo sentís mas cerca que nunca, y lo dejas ir.
Abrirte, cortarte por dentro, sacarte la mascara, escupir el alma, para luego cubrirse con esa sombra invisible a los ojos ajenos, para ser un muñeco más de este juego. ¿Extraño no?

Al pasado: PISADO


[Ahora se viene la mejor parte de la historia, y el sabor amargo cada vez se distingue menos en mi paladar. Creo que esta desapareciendo por completo.]